10-12 noviembre de 1993

Entidades organizadoras:

Sociedad Española Leibniz – Facultad de Filosofía de la UCM

Coordinación: Quintín Racionero, Concha Roldán

PROGRAMA: [ Programa ]

Uno de los problemas fundamentales, si no el principal, a que se enfrenta la reflexión contemporánea viene dado por la fragmentariedad de los esquemas lógicos que las diversas ciencias y tecnologías han impuesto a la unidad de la razón. Traducido a lenguaje ordinario, esto quiere decir que los esfuerzos por diseñar un modelo de racionalidad común a todos los discursos, tal como fue perseguido todavía hasta los años 70 por las diversas escuelas empiristas o cibernéticas, se han visto abocados a una situación de fracaso, hasta el punto de ser éste uno de los tópicos más frecuentes con que se fundamenta la idea de que nuestra época se ha colocado con ello en un estadio de postmodernidad.

Y, en efecto, la característica tal vez más notable que -desde el s. XVII y particularmente desde la Revolución francesa y la Ilustración alemana-, ha definido a la filosofía moderna, ha sido la convicción de que, una vez roto el esquema teológico de la organización del mundo, éste no quedaba al albur del irracionalismo o de la dominación voluntarista, por cuanto podía esperarse de la unidad de la razón la organización de un sistema universal de referencias, común a toda la humanidad y representado -dicho con las palabras de Habermas- por la existencia de «una ciencia objetiva, una moral y una legislación universales y un arte acorde con su lógica interna». Es esta pretensión, significativa de toda una manera de entender el pensamiento y la praxis, la que parece haber quedado tras la constatación de la fragmentariedad de los discursos racionales; lo que, en definitiva, podría interpretarse como el comienzo de un nuevo planteamiento histórico, que habría de aparecer caracterizado, bien por la admisión del pluralismo y la relatividad de los discursos (culturales, científico-tecnológicos, éticos y artísticos), bien por la búsqueda de nuevas composiciones de la unidad y universalidad de lo racional a través de esquemas praxeológicos inéditos.

La profundización de esta última hipótesis -en cuanto que, admitiendo la fragmentación de la Razón ilustrada, postula con todo la necesidad de recuperar espacios comunes al desarrollo humano- es la que mueve y define los objetivos del Congreso.

Cierto que el intento de acometer una sistematización plena de las referencias semánticas para todos los discursos, según una lógica y una ciencia unificadas, constituye un proyecto epistemológicamente imposible. Pero frente a los modelos lógicos conformados según las competencias semánticas del lenguaje, cabe profundizar en el análisis de los modelos correspondientes a las competencias comunicativas, para los que el problema no se formula tanto en los términos de la unidad de las referencias, cuanto en los términos de la comunidad de los mecanismos intersubjetivos (éticos) de la recepción del lenguaje.

Ahora bien, este modelo lógico aparece ya actualizado en tecnologías existentes dentro del ámbito de las ciencias de la comunicación, así en sus aspectos propiamente técnicos -comunicaciones multilaterales, etc.-, como en sus aspectos pragmáticos -análisis de mass media, técnicas psicológicas de la inducción, terapias de la palabra, etc.- Lo que se propone el Congreso es estudiar precisamente el estado actual de las investigaciones en el campo de las lógicas comunicativas, base de estas ciencias recién citadas, como medio de restaurar, a través de ellas, las condiciones de la comunidad racional humana, no por vías de la unidad de la razón, sino por referencia a la identidad de los mecanismos intersubjetivos de la comunicación y a sus correspondientes límites éticos.

Hay que decir, finalmente, que este objetivo es indiferente a la idea, exclusivamente metafísica, del cambio de época histórica como criterio susceptible de describir los caracteres de la reflexión contemporánea. El modelo de la «ciencia unificada», ciertamente dominante en la filosofía moderna, no es el único que aparece reclamado como instancia de la pretendida racionalización de la historia en los ámbitos de pensamiento moderno. Junto a ese modelo, el correspondiente a las lógicas comunicativas ha participado también, a su manera, en la conformación de los grandes ideales del progreso y la emancipación del hombre. Y es precisamente la vigencia de estos ideales, encarnados de manera particular por el pensamiento de G. W. Leibniz, lo que, en definitiva, el Congreso busca estudiar y analizar.

 

 

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